Sobre premios, viajes, librerías, una paleta y Jordi Carrión

Una foto que sacaste cuando vivías en el imperio de Los Ángeles y fuiste a The Last Bookstore. Como eras medio hipster, te compraste Only Revolutions que, por cierto, no te gustó mucho. Claro que después de House of Leaves todo te iba a saber a poco

Jordi Carrión, uno de esos escritores que secreta (y no tan secreta)mente te gustan tanto porque son capaces de colocarse un seudónimo como el de Benjamín de Tudela (nombre que hace que te corra un escalofrío por la espalda al recordarte aquel ensayo que escribiste en tu primer año de doctorado sobre Ibn Battuta, Ruiz González de Clavijo y ese mismo Benjamín y sus respectivos viajes a la ciudad de Pera; ensayo por el que estabas tú tan orgullosa y que te llevaste a presentar a tu primer congreso internacional en Guadalajara cuando México te parecía tan exótico como aquella Constantinopla medieval de Tudela) y quedar, él, ese gran Jorge, como finalista del premio Anagrama de ensayo (cuyo ganador este año ha sido Luis Goytisolo por Naturaleza de la novela) con su obra Librerías que, precisamente, parece ser que tiene bastante de relato de viajes, ésos que tanto le gustan a Jordi y sobre los que tú también escribiste en tu tesis doctoral, pensando que qué rollo, que qué tendrá este tío con esos viajes, que qué más me dará a mí que se vaya a Australia o a París y que qué pedante, por cierto, irse a París leyendo Rayuela, y que bueno, quizás sea más interesante que se vaya a Buenos Aires, pero que tampoco mucho tiene que ver ni conmigo ni con lo que yo sé de Cortázar. Y que, sin embargo, sigas leyéndolo, porque aunque todo esto no tenga nada que ver contigo, resulta que parece que es sobre ti y está contigo, y te despierta una extraña sensación de nostalgia de futuro, ajena, no propia pero apropiada como la que tienes ahora cuando escribes esto y te acuerdas de aquel día, no hace tanto aunque parece a veces que sí, cuando tuviste la suerte de conocerlo y que te dijo que básicamente eras una ignorante y una inculta por no saber nada de Green Apple Books, mira que tú que vives en California y no saber eso, y que pienses, pues vaya, menos mal que acabo de ir a The Last Bookstore, porque si no, voy a quedar de paleta total, pero es que yo no compro libros, Jorge, yo los pido en Amazon que me los envía mágicamente a mi casa (me imagino que transportados en unicornio o en ave fénix o en camello con sus pajes voladores) y, si no, me los traen al despacho seres igualmente mágicos como son esos duendecillos que trabajan en el Inter Library Loan…

Y te alegras, te alegras mucho por Jordi, que siempre que lo lees (y recuerdas especialmente GR-83, que te parece tan precioso, aunque Crónica de viaje sea mucho más pintón) te lleva consigo a ese raro mundo de nostalgia ajena, que bien podría ser tuya. O mía.  Quizás de todos. Enhorabuena, Dr. Carrión.

Una foto del cuarto donde tu padre trabaja en la que era tu casa cuando vivías en Madrid y ahora es sólo la casa de tus padres que sigue estando en Madrid