Sobre la forma espacial de la poesía y los macarrones

El hombre ordinario, común y corriente 

“falls in love, or reads Spinoza, and these two experiences have nothing to do with each other, or with the noise of the typewriter or the smell of cooking 

[pero] 

in the mind of the poet these experiences are always forming new wholes” (T.S. Eliot)

Para el postpoeta [y esta es mi cita favorita de AFM, la del macarrón, que me recuerda a tantas cosas bonitas que no describiré aquí porque no soy poeta]


“que practique la poesía postpoética poco le importa que a un verso neoclásico le siga la fotografía de un macarrón o una, en apariencia, incomprensible ecuación matemática si esa solución metafóricamente funciona” (Agustín Fernández Mallo) 

Funcionar, decía T. S. Eliot, es crear un todo, un todo espacial, en el espacio, y como estoy hablando de “funcionar literariamente” en el caso concreto de Eliot o Fernández Mallo, este espacio se confina a una página [de papel o no] al lado de los macarrones con chorizo, el amor de tu vida, el teclado [ahora sí, del ordenador] las gafas sobre la mesa, la oralidad [que Blogger cambia por “moralidad”] y el texto finalmente escrito [o no].

Para hacer esto, como dice Joseph Frank [curioso esto, durante la carrera yo salí con un murciano que se llamaba José Franco–desafortunado apellido, por otra parte]

“it would be necessary to undermine the inherent consecutiveness of language, frustrating the reader’s normal expectation of a sequence and forcing him to perceive the elements of the poem as juxtaposed in space rather than unrolling in time” (Frank)

En los años 40 Frank no hablaba de espacio sino figurativamente. Y en la edad de la imagen en la que vivimos, esta figuración ha tomado forma y figura real, y realmente vemos textos con imágenes esparcidas que materializan la experiencia de Eliot o Pound. Las distintas imágenes que para ellos funcionaban literariamente creando un todo, ahora realmente, literalmente, se materializan con distintas texturas y no sólo a partir de la evocación. Es como si todo con lo que las vanguardias o la literatura moderna experimentase se haya exacerbado en el batiburillo virtual de remixes y mashups.

Qué voy a decir yo más, sino que me encanta haber vuelto a España donde realmente hay gente que come macarrones con chorizo. Y con su cachito de pan.

A.